• Quid pro quo.

    Porky pig es el platillo estelar en el restaurante La Leche, una conjunción de costilla de cerdo y lomo, con pesto de arúgula y maíz dulce, una creación del chef Alfonso Cadena. En La Leche, acorde al concepto, todo el mobiliario es blanco espeso y ya era famoso antes de la madrugada del lunes 15 de agosto, cuando intempestivamente se abandonaron los platos de la cena y las copas de vino, porque ingresaron al menos seis hombres con armas largas y sometieron a Alfredo Guzmán Salazar, uno de los hijos del Chapo, y a sus cinco acompañantes —a las mujeres solo las apartaron del grupo—.

    Toda la semana la agenda periodística se volcó en las interpretaciones del enfrentamiento entre las dos poderosas organizaciones criminales de México: los hijos del Chapo —parte del Cártel de Sinaloa— y Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, que de ser un tercero a las órdenes de Ignacio Coronel, creó una estructura propia que fue engullendo territorios —mantiene amplia presencia en Jalisco, Michoacán, Colima y Guerrero—.

    Lo primero que queda claro es que los intereses económicos de las redes criminales terminan por mezclarse con los intereses públicos. Cuando la autoridad pierde el control del territorio, el narco ocupa su lugar y se convierte en el mandatario real.

    El Menchomantiene en cautiverio al hijo del Chapoporque está buscando un intercambio, quid pro quo. El captor está en condiciones de pedir porque tiene algo qué dar a cambio.Así surge una primera interrogante: ¿Qué tiene el Chapo que quiere el Mencho?

    Si la privación de la libertad de Alfredo Guzmán se tratara solo de una venganza o ajuste de cuentas, simplemente los ejecutan… y se desatan los demonios. Pero en realidad no aparece esa intención de entrada, lo que se evidencia es un plan completo para un intercambio.

    Los de Jalisco Nueva Generación son hechura de Ignacio Coronel, asesinado en julio de 2010 en su propia casa de Colinas de San Javier. Nacho Coronel estaba a cargo de todas las operaciones de la organización Sinaloa en el centro del país y el ingreso de los precursores de cristal a México —a través de los puertos de Michoacán y Colima— su asesinato desbarata el control que ejercían en la zona los de Sinaloa, y el Mencho se cree lo suficientemente grande para emprender el negocio por sí solo.

    En algún momento del 2015 la tolerancia de convivencia entre ambas organizaciones se rompió por completo y sin enfrentarse en una guerra estaban claramente separados. Es justo en los tiempos que desde los Estados Unidos le dan la categoría de Cártel al Jalisco Nueva Generación y a Nemesio Oseguera Cervantes lo incluyen en la lista negra de las dependencias americanas en la lucha contra las drogas.

    Aquí es donde volvemos a La Leche. Alfredo Guzmán se encontraba en un sitio donde concurren políticos y personajes reconocidos de la vida pública de Jalisco y del país—alguna vez uno de los comensales fue Felipe Calderón—. Los turistas de los hoteles de gran turismo de Punta Mita acuden a ese restaurante, y es común reconocer a alguno de los asistentes por tratarse de una figura pública.

    De lo que resulte de este choque inicial entre los hijos del Chapo y el Chapo mismo contra elMencho y su clan, depende en mucho los picos de violencia en todos los estados con influencia de ellos, o sea todo el noroeste y centro del país.

     

    Margen de error

    (La búsqueda)Es poco probable que agentes de la PGR o de la Procuraduría de Jalisco estuvieran realmente tras la pista de los privados de la libertad en La Leche,de Vallarta. Son más espectadores de lo ocurrido que protagonistas, están integrando un expediente, en labores de inteligencia para otros expedientes y en el mejor de los casos sacando conclusiones de lo que significará el enfrentamiento.

    Los verdaderos interesados en la búsqueda de Alfredo Guzmán son los mismos miembros de la organización Sinaloa, y evidentemente su familia. Ellos sí sacaron sus sabuesos y pistoleros, lo mismo que los informantes dentro del gobierno que están en trabajo permanente para ubicar al hijo del Chapo.

    A estas alturas es clara una negociación en esos niveles para consumar el arreglo.

     

    Mirilla

    (Aprendizaje)El quid pro quo es asunto viejo en las organizaciones de poder. Se retiene a alguien para obtener a cambio territorios, dinero, favores o tajadas de poder. No siempre el intercambio resulta, algunas veces es solo una carnada:

    Meses antes de la muerte de Ignacio Coronel, en plena confrontación con los Beltrán Leyva, un grupo armado al servicio de Nacho Coronel —llamados La Corona— mantuvo en cautiverio a una mujer de Héctor Beltrán Leyva pretendiendo un intercambio para cobrarse el secuestro y asesinato de su propio hijo —Coronel culpaba a Héctor de ser el autor intelectual—. La Corona liberó a la mujer de Beltrán Leyva al quedar claro que aceptaba el trato de intercambio.

     

    DEATRASALANTE

    (Coronel)Muchos de los análisis sobre los años de la guerra de Calderón contra el narco —2007-2012—coinciden en que el verdadero punto de quiebre y la espiral de la violencia empezó cuando el Ejército abatió a Ignacio Coronel, principal operador del Chapo Guzmán. Incluso más que el enfrentamiento del Chapo contra sus socios los Beltrán Leyva, que casi termina por aniquilarlos mutuamente.

    Coronel, el hombre que arribó a Jalisco con las siglas de Amado Carrillo y se encargó después de los negocios principales de los de Sinaloa, se convirtió con los años en el hombre fuerte de Jalisco que mantenía una paz narca. Igual que el hijo del Chapo en La Leche, Coronel solía acudir a los lujosos restaurantes de la plaza Andares, como cualquier otro comensal pudiente mientras en Sinaloa o Chihuahua se regaban los cadáveres de la guerra.

    Muchos años estuvo Nacho Coronel en Jalisco, debió tejer con el tiempo una fuerte red de corrupción que lo mantenía en esa calma. Después de aquel julio de 2010, los crímenes relacionados con las organizaciones del narco siguieron su espiral. (PUNTO)

    Autor: Andrés Villarreal

     

    Fuente: riodoce.mx


  • Alfredito, “el más cabrón de los hijos del Chapo”

    Alfredito es el más cabrón, el más duro a la hora de hacer cumplir las reglas. A él no le gusta que la gente le quede mal”. Así definía Ovidio Guzmán López, en una entrevista supuestamente concedida a un medio argentino, a su hermano, liberado este domingo tras ser secuestrado la madrugada del pasado lunes junto a cinco hombres más en un lujoso restaurante de Puerto Vallarta, La Leche, donde celebraba la despedida de soltera de su prima Esmeralda.

    Sin que nadie lo intuyera, la despedida acabó siendo múltiple. Una definición más cercana en el tiempo la ofreció el actor, director y reportero social en sus tiempos de asueto, el norteamericano Sean Penn: “No es hasta que abordamos una de las dos avionetas que me doy cuenta de que nuestro conductor había sido el hijo de 29 años de El Chapo, Alfredo Guzmán. Se sienta a mi lado habiendo sido designado como uno de nuestros escoltas para ver a su padre. Es un tipo bien parecido, delgado y bien vestido, con un reloj de pulsera que podría tener más valor que todo el dinero que albergan los bancos centrales de la mayoría de naciones”, escribió el estadounidense en su ya famoso artículo de la revista Rolling Stones, “El Chapo habla”.

    En aquel texto se detalla también que los militares de un control de carretera dejaron pasar el coche de los actores y los narcos al bajarse la ventanilla y observar la cara de Alfredo Guzmán. Además, se especifica, Alfredo fue el encargado de hacer con su teléfono móvil la famosa foto en la que Penn y El Chapo se dan la mano. Esos son dos de los escasos testimonios directos que hay sobre la vida de un joven de 30 años, del que cada frase debe empezarse con un “supuestamente” porque de su boca no ha salido nada, aparentemente destinado a dirigir junto a su hermano Iván y su hermano Ovidio ese emporio de drogas levantado por su padre y llamado el Cartel de Sinaloa.

    Alfredo Guzmán Salazar, nacido en Zapopan, estado de Jalisco, el 17 de mayo de 1986, es el cuarto hijo del matrimonio entre Joaquín Guzmán Loera y Alejandrina María Salazar Hernández. “Es un hijo con una relación muy estrecha con su padre, es parte activa de las redes financieras y de la cadena de mando”, explica a CrónicaDiego Enrique Osorno, escritor y periodista que ha publicado un libro, El Cartel de Sinaloa, fruto de años de investigación sobre este grupo delictivo al que define como “una empresa familiar”. “Es sin duda uno de los hijos, con Iván Archivaldo, más próximos al Chapo. Ambos son operadores del Cartel y se creen con derecho a herencia lo que ha provocado divisiones dentro del propio grupo”, explica también a este medio José Reveles, otro de los periodistas y escritores que más sabe del Chapo y autor entre otros del libro El Chapo: Entrega y Traición.

    El pequeño de los hijos de Alejandrina Salazar, la primera de las cuatro mujeres oficiales de Guzmán Loera, pasó su infancia bajo los cuidados de su madre y la figura de un padre que de 1993 a comienzos de 2001 estuvo preso hasta que se metió en un carrito de lavandería de un penal y realizó la primera de sus famosas fugas. “Ha ido a ver a su padre a la cárcel”, explica Osorne. “Los Guzmán viven a la sombra de su papá que les mandaba dinero. Alejandrina ha sido siempre la mujer más próxima a El Chapo.Cuando lo detuvieron en 2014 ella figura como su esposa y es la que le va a visitar a la cárcel. El guardaespaldas de Guzmán Loera le llevaba cerca de 18.000 dólares mensuales”, explica Reveles. En este punto, el de las mujeres del Chapo, Osorno da un dato importante: “Yo creo, pero necesito verificar esa investigación, que El Chapo sigue casado con Alejandrina, la madre de Alfredo, ya que legalmente nunca se han divorciado”.

    Esa cercana lejanía familiar ha sido una constante. “El Chapo asume la paternidad como el macho mexicano, aunque no esté presente en la casa él debe proteger a su familia”, dice Osorno. ¿Estudió Alfredo? “De todos los que entrevisté de su entorno saqué la idea de que ha sido un niño urbano, no ha crecido en el campo, pero no era tampoco un universitario como Edgar, el hijo que le mataron a balazos en 2008“, aclara el escritor que recuerda que la desaparición de Alfredo no es el primer golpe que recibe el poderoso Chapo.

    También por entonces Alfredo recibe su bautizo de narco oficial por la puerta grande: es fichado por la DEA, Agencia Antidrogas de EEUU, tras una larga operación en 2009 con infiltrados en la que se le realizan escuchas telefónicas al entonces principiante criminal que determinan que el joven y su madre forman parte de la organización delictiva y se les imputan diversos cargos por tráfico de drogas. Alfredo, según el expediente judicial, usaba Boeing 747 de carga, avionetas, submarinos, lanchas, trenes y autobuses para introducir toneladas de cocaína en EEUU.

    Tres años después, cuando el sexenio del presidente Felipe Calderón tocaba a su fin, en plena batalla sangrienta al narco que dejaba miles de cadáveres olvidados en fosas comunes o colgando en puentes, el nombre de Alfredo vuelve a saltar a los titulares. Las fuerzas de seguridad mexicanas aseguran haber detenido al activo hijo del Chapo culpable de perforar EEUU por tierra, mar y aire. De la euforia se pasa en horas al ridículo cuando se comprueba que el detenido no es uno de los chapitos, sino alguien parecido de su entorno.

    No amilana esa búsqueda al vástago del capo que lejos de mantener un perfil bajo se destapa como una narcocelebrity. Él y otros hijos de los líderes del Cartel de Sinaloa, incluido su hermano Iván Archivaldo, comienzan a usar las redes sociales y a mostrar un mundo de lujos y excentricidades como el de una foto en el que se ve un móvil metido en un vaso de plástico con whisky en un bodegón que se podría haber bautizado “Steve Jobs on the rocks”. “Los hermanos Guzmán tienen fama de ejercer la violencia y de enseñar en sus redes sociales fajos de dólares, mujeres bellas, coches deportivos y sus copas de whisky Buchanan”, explica Reveles.

    Hasta esta despedida de soltera de su prima Esmeralda, el rastro de Alfredo se encuentra sólo en su indiscreto Twitter ¿oficial? que permitió a los investigadores localizar a los hijos del hombre más buscado del planeta sin usar turbante. “Los llamados narcojuniors, hijos de los papás dueños del cartel de Sinaloa, narraban sus encuentros de alto nivel, como el que tuvo lugar el 17 de agosto de 2013, en redes sociales”, afirma un reportaje de la revista Proceso. “Visitando a los Ántrax en Culiacán…”, publicaba Alfredo en su entonces cuenta de Twitter, hoy cerrada, junto a una foto en la que se ve a cuatro mariachis posando junto a un altar de la Santa Muerte. Alfredo se muestra también romántico en otra cuenta que siguen más de 300.000 personas sin que nadie pueda certificar que es realmente suya: “Una mujer demasiado hermosa no puede ser propiedad de nadie”.

    Quizá toda esa exhibición, algo que los viejos narcos no ven con buenos ojos, le haya costado a Alfredo ser secuestrado por los enemigos del Cartel Jalisco Nueva Generación o por sus socios del Cartel de Sinaloa. Quizá sea sólo la carga de llevar el parece debilitado apellido Guzmán: “Estamos asistiendo al final del reinado delChapo“, aseguraba Osorno antes de la liberación de Alfredito.

    El último mensaje que dejó en su posible cuenta de Twitter fue el pasado 4 de abril: “No cualquiera te deja un buen recuerdo”.

    Fuente: mundo.es


  • Los hijos del Chapo: asunto de Estado

    Autor: Ismael Bojórquez

    En Sinaloa empezó como un rumor: Iván Archivaldo Guzmán Salazar había sido levantado en Jalisco. Fue el lunes. Con las horas, ya se hablaba en plural. “Levantaron a ´los menores´. Así les dicen por acá. Se sabía ya y se relacionaba con ese hecho, que un grupo de sinaloenses había sido levantado en el restaurante La Leche, de Puerto Vallarta, la noche del domingo.

    Con las horas y los días, la información se fue filtrando desde los mismos círculos policiacos jalisciense. Fichas completas cayeron en manos de los medios de comunicación, que ávidos de exclusivas, las subieron de inmediato a sus sitios de internet.

    El hecho, más allá de las incógnitas —si fue solo Alfredo Guzmán Salazar o también Iván Archivaldo— tiene muchas aristas. Pero la atención debe centrarse ahora en la suerte de los hijos de Joaquín Guzmán. Los entregaron vivos, a pesar de que se planteó la posibilidad de que el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), con Nemesio Oseguera Cervantes, a la cabeza, decidiera otra cosa. Lo cierto es que traerá cambios sustanciales en el negocio de las drogas en México, pues estamos hablando de los dos cárteles más poderosos del país. Una salida negociada –como ocurrió- reconfigura la distribución de los territorios para los cárteles, porque de haberse dado otra, violenta, habría desatado, sin dudas, una guerra fatídica con resultados incalculables.

    Kate y Alfredo Guzman

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    Muchos se preguntan qué pasó, dónde estuvo el error de los hijos del Chapo al meterse a las fauces del lobo. Esta es otra incógnita. Por un lado, en Sinaloa corrieron versiones, hace dos años, de encuentros entre Oseguera Cervantes y los líderes del Cártel de Sinaloa para acabar con enfrentamientos que prácticamente terminaron expulsando a las narcofamilias sinaloenses de Jalisco, su segunda casa. Pero la detención del Chapo y la emergencia de Iván Archivaldo como nuevo líder del cártel, sus enfrentamientos con Dámaso López Núñez, la liberación de Rafael Caro Quintero, el fortalecimiento de la organización de los hermanos Beltrán Leyva… pudieron cambiar la visión del Mencho.

    Todo indica que, en principio, no tenían la intención de acabar con el grupo que levantaron en La Leche. Y esto hace pensar que el líder del CJNG le apostó a una salida negociada. Si el problema se hubiera desdoblado en sentido contrario, los resultados habrían sido incalculables: el Menchotiene un punto muy frágil en su contra, y es que su hijo, Rubén Oseguera González, el Menchillo, se encuentra preso en el penal del Altiplano, el mismo al que Guzmán Loera será trasladado en los próximos días, según un amparo a su favor. (Imposible no recordar que el asesinato de Rodolfo Carrillo Fuentes a manos de pistoleros de Joaquín Guzmán, el 11 de septiembre de 2011, le fue cobrado con el crimen de su hermano, Arturo Guzmán Loera, el Pollo, el 31 de diciembre de ese mismo año, cuando acudió al módulo de locutorios del penal del Altiplano).

    Aunque en Sinaloa las fuentes han estado muy cerradas, se sabe que desde las primeras horas después de que ocurrieron los hechos de Puerto Vallarta, se estableció comunicación con Nemesio Oseguera. Se ha dicho que el propio Ismael Zambada García, el Mayo,  se comunicó con él para pedirle que libere a los plagiados y hasta corre la versión de que la propia DEA intercedió en la misma dirección.

    ¿Tiene sentido esto último? Sin duda que sí. Por muchas razones. La DEA sabe que si se hubiera dado un desenlace fatal de esta historia sería el principio de una guerra sin fin, con decenas de miles de muertospor todos lados. Y otra es que, a pesar de haber sido detenido con el apoyo de las agencias gringas, el Chapo Guzmán y el Cártel de Sinaloa han mantenido siempre importantes niveles de interlocución con los Estados Unidos.

    Por lo que toca al gobierno mexicano, pareció, por las mismas razones, muy interesado en encontrarlos vivos. El jueves, en esa búsqueda, se toparon en Zapopan con uno de los operadores financieros del Cártel de Jalisco, Sergio Kurt Schmidt Sandoval, el Pistola. Y en otro hecho aparte, éste en el municipio de Melchor Ocampo, Estado de México, elementos de la Armada de México dieron muerte a un presunto sicario y detuvieron a ocho más en una casa de seguridad.

    Así, la privación de la libertad del o los hijos del Chapo Guzmán, se convirtió en un asunto de Estado para México. Habría qué conocer detalladamente qué se negoció y qué precio pagó el Cártel de Sinaloa por la libertad de los miembros de esta organización criminal, y ojalá que el país no pague con sangre este episodio inaudito en la historia del narcotráfico en México.

    Bola y cadena

    ESTE ES EL PRIMER PLANO DEL ASUNTO pero en torno de él gravitan muchas aristas. Para lo que toca a Sinaloa, las cosas no han marchado bien en el cártel desde que el Chapo Guzmán fue detenido en febrero de 2014 y luego de su reaprehensión, en enero pasado. Hay disputa por los liderazgos. Joaquín Guzmán Loera decidió que su hijo Iván Archivaldo encabezara sus negocios, pero Dámaso López Núñez, el Licenciado, había crecido demasiado como para aceptarlo sin chistar. Así que ha estado jugando con sus propias canicas y esto ha provocado enfrentamientos que han puesto en peligro la paz en el estado y ha obligado, de nuevo, a la intervención de los viejos padrinos para que no corra la sangre y se dediquen al negocio.

    Sentido contrario

    POR LO DEMÁS, SINALOA SE SIGUE desangrando desde El Carrizo hasta La Concha. Asesinados en las ciudades, emboscados en los caminos, descuartizados, enfrentamientos. Todo con la complacencia de quienes nos gobiernan.

    Humo negro

    PUNTUAL EL INFORME DE LA Comisión Nacional de Derechos Humanos, queda evidenciado que los elementos de la Policía Federal que participaron en los hechos de Tanhuato, Michoacán, en mayo de 2015, asesinaron a mansalva a por lo menos 22 detenidos. ¿Quién pagará por estos crímenes? Nadie. En este país nadie paga nada.

    Fuente: riodoce.mx

     


  • “Mayo” Zambada habría negociado con el CJNG liberación del hijo del “Chapo”: Ríodoce

    Luego de que este sábado se dio a conocer que Alfredo Guzmán Salazar Alfredillo “levantado” por un grupo armado la madrugada del 15 de agosto pasado en Puerto Vallarta, Jalisco, habría sido ya liberado con al menos uno de los otros cinco desaparecidos, el director del semanario Ríodoce, Ismael Bojórquez, señaló que Ismael El Mayo Zambada habría participado la negociación.

    “Dos o tres días después de que fueron secuestrados, nosotros supimos de que quién estaba interviniendo directamente en la negociación, o había hablado con los líderes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) para que fueran liberados fue El Mayo Zambada”, señaló Bojórquez.

    Mencionó que los detalles de la liberación de los seis secuestrados en el Bar La Leche de Puerto Vallarta la madrugada del pasado lunes, no han sido revelados.

    Aunque las autoridades sólo confirmaron el plagio de Jesús Alfredo, Ismael Bojórquez dijo que también el otro hijo del líder del cártel de Sinaloa, Iván Archivaldo, fue privado de su libertad, pues así se lo precisaron sus fuentes que informaron de la liberación.

    El sábado, la fuente de información consultada por Proceso señaló que desde el jueves pasado familiares de algunos de los plagiados recibieron llamadas telefónicas en las que se les pedía una fuerte cantidad de dinero a cambio de revelar el paradero de los seis hombres levantados. En algún caso se pidieron hasta cinco millones de dólares. Y antes habían llegado llamadas anónimas a autoridades locales de Jalisco señalando que los seis “levantados” ya estaban muertos.

    Fuente: proceso.com.mx


  • CJNG: La sombra que nadie vio

    Esa noche el presidente Felipe Calderón iba a inaugurar la nueva sede de las Chivas de Guadalajara, el estadio Omnilife, “el mejor del mundo” para “el mejor equipo del mundo”. Horas antes de que el Boeing 757 del mandatario mexicano aterrizara en el aeropuerto Miguel Hidalgo, 150 elementos de un grupo de elite de la Secretaría de la Defensa Nacional cerraron las calles de la colonia Colinas de San Javier, una de las más ricas de Guadalajara.

    No tuvieron contratiempos. En el operativo realizado esa tarde en Zapopan sólo hubo precisión. Los militares cerraron las calles, tomaron una a una las casas vecinas. Luego entraron por Nacho Coronel.

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    Ignacio Coronel era el hombre de confianza de Joaquín El Chapo Guzmán: se le consideraba el operador financiero del cártel más poderoso del país, cuya presencia se extendía entonces a lo largo de 20 estados. Coronel era, desde 1990, uno de los narcotraficantes “que pisaban más fuerte” en Jalisco: Guadalajara era como su despacho particular, el sitio desde el que manejaba no sólo cuanto sucedía en el estado, sino en buena parte del corredor del Pacífico.

    En los últimos años el capo se movía sin escoltas —cuando más, acompañado por un guardaespaldas—, vestido de manera discreta, casi siempre con ropa casual. Los propietarios de otras residencias de Colinas de San Javier recordaron que habían visto varias veces a ese hombre de 56 años en tiendas y restaurantes VIP de Plaza Andares, el complejo comercial más exclusivo del país.

    En tanto otras ciudades y otros estados del país se hallaban bajo el fuego de las guerras del crimen organizado, Coronel paseaba por Guadalajara. Jalisco permanecía en ese tiempo en relativa calma y la leyenda tejida alrededor del capo aseguraba que el responsable de esa calma vivía en Colinas de San Javier —precisamente en la casa que el 29 de julio de 2010 allanó el ejército.

    Coronel, alias El Cachas de Diamante, El Ingeniero, El Rey del Ice o El Rey del Cristal, había entrado en Jalisco de la mano del sinaloense Amado Carrillo, líder entonces del Cártel de Juárez. El fiscal general del estado, Luis Carlos Nájera, sostiene que a partir de que la Operación Cóndor sacó a los narcotraficantes de Sinaloa, allá en los años setenta, y los dispersó en distintas ciudades a lo largo del Pacífico, “Sinaloa ha tenido siempre una mano metida en Guadalajara”.

    En l990 Ignacio Coronel fue la mano que Amado Carrillo metió en Jalisco. En 1993, sin embargo, el lugarteniente fue abandonado. Ese año en que el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo era asesinado en el aeropuerto de Guadalajara, Carrillo le dio la espalda: Coronel fue detenido y pasó un tiempo tras las rejas. Apenas recobró la libertad, cambió de bando. El hombre que lo había ayudado a salir de prisión, Ismael El Mayo Zambada, le abrió las puertas del Cártel de Sinaloa.

    Coronel volvió a tejer su red, lentamente, a lo largo de los años. Y lo hizo de manera tan efectiva que sobrevivió a cinco gobernadores: en el bajo mundo del crimen organizado se le llegó a considerar intocable. Le llamaban en broma “San Ignacio Protector”: hasta El Chapo Guzmán acudía a él en instantes de apremio.

    La prensa de aquellos días informa que en los últimos años Coronel había perdido fuerza. La guerra contra el narcotráfico decretada por Felipe Calderón golpeaba seriamente su estructura. La detención de los líderes del Cártel del Milenio, los michoacanos Óscar Orlando Nava Valencia, alias El Lobo (en octubre de 2009), y Juan Carlos Nava Valencia, alias El Tigre (mayo de 2010), con quienes Coronel se había asociado, le abría un boquete en el control del tráfico de drogas en Jalisco, Nayarit y Michoacán. Sus allegados decían que el capo estaba quebrado: no lograba superar el secuestro y asesinato de su hijo Alejandro, a manos de un comando de Los Zetas que dirigía un sujeto llamado José Luis Estrada, El Pepino.

    60 hombres de La Corona —el grupo armado de Coronel— fueron enviados a cobrar la cuenta, y El Pepino acabó calcinado en una camioneta Cheyene. Pese a esto, el narcotraficante no se repuso. Muchas cosas se le comenzaron a salir de control. En los tres meses que le quedaban de vida, estuvo obsesionado en combatir al capo Héctor Beltrán Leyva, a quien señalaba como autor intelectual del secuestro de su hijo. Envió incluso otro comando a la ciudad de Hermosillo, con orden de darle caza. Los hombres de La Corona no hallaron a Beltrán Leyva, pero secuestraron a su esposa y la mantuvieron en cuativerio durante una semana. Esperaban que Beltrán diera señales de vida. No lo hizo. Al final, la mujer fue liberada sana y salva, aunque atada y amordazada, y con varios mensajes pegados al cuerpo. Uno de ellos reclamaba a Beltrán el haberse negado a responder por su esposa. Otro le anunciaba: “Nosotros te vamos a enseñar a ser hombre y a respetar a la familia, asesino de niños”.

    Ignacio Coronel llevaba varias semanas sin salir de su residencia, cuando el ejército llegó por él. Vecinos de Colinas de San Javier oyeron disparos y detonaciones de artefactos explosivos. El parte militar rendido aquella tarde dice que al verse sorprendido Coronel disparó sobre uno de los soldados,“por lo que repelimos la agresión”.

    El narcotraficante quedó tendido boca arriba en una de las escalinatas de mármol de la residencia. A centímetros de su mano izquierda estaba una pistola calibre .38 y cerca del pie derecho un fusil AR-15. Había 13 orificios de bala en las paredes y siete charcos de sangre en pisos y alfombras. El capo recibió 12 impactos en el lado izquierdo del cuerpo y sólo uno en el derecho. Se dice que el grupo de elite del ejército le andaba buscando el corazón.

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    En septiembre de 2012 la Policía Federal detiene en el Estado de México a Ramiro Pozos González, El Molca. Le aseguran un rifle AK-47 bañado en oro, que le había regalado el líder del Cártel del Milenio, Óscar Orlando Nava Valencia, El Lobo. Al ser presentado ante los medios, dirige amplias sonrisas a los reporteros y levanta los pulgares en señal de triunfo. Luego detalla sin inmutarse un amplio repertorio de acciones criminales. El Molca —regordete, de 42 años, originario de Zapopan—  reconoce ser el fundador del grupo conocido como La Resistencia, una escisión del Cártel del Milenio surgida a la muerte de Coronel, la cual intentó apoderarse del sitio que había quedado vacío tras la muerte del narcotraficante.

    En un video en el que El Molca es interrogado por agentes federales se detalla que el Cártel del Milenio (uno de los más antiguos del narcotráfico) fue expulsado de Michoacán tanto por golpes propinados por el gobierno, como por la invasión de una organización rival, que en poco tiempo infestó la entidad: Los Zetas. Para sobrevivir, el Cártel del Milenio terminó acercándose al de Sinaloa: Ignacio Coronel les permitió asentarse en Jalisco.

    —Entonces se empieza a trabajar fuerte, empezamos a mandar dos o tres toneladas, hasta terminar en 35 o 40 —declara El Molca.

    El interrogatorio al que Pozos González es sometido explica en unos trazos la violencia criminal que hoy sacude aquel estado.

    —Cuando detienen a mi compadre El Tigre —dice Pozos—, empieza la guerra contra Los Torcidos o Los Cuinis, o Los Menchos… toda esa bola de torcidos.

    —¿Es ahí donde viene la ruptura del Cártel del Milenio?… ¿Por qué se da? —le pregunta una voz.

    —Porque detienen a El Tigre… y el que va [es decir, al que por jerarquía le corresponde tomar el poder] es el hombre de confianza de El Tigre y El Lobo, que es el Pilo [Elpidio Mojarro Ramírez]… pero Erick Valencia Salazar [uno de los descendientes de la familia fundadora del cártel], quiere poner a Mencho [Nemesio Oseguera Ramos]. Y Menchoquiere quedarse al frente, y nosotros decimos que no porque el único que sabía el manejo exacto de las cosas de El Lobo y El Tigre era Pilo. Y ahí nos dicen que entreguemos a Gerardo Mendoza, El Tecato o El Cochi, y no quisimos. Y Gerardo le mata unas gentes aMencho en Tecomán y empieza la guerra…

    En octubre de 2009, tras un enfrentamiento a tiros en una “narcogranja” de Tlajomulco de Zúñiga, El Lobo Nava Valencia es detenido por el ejército. Siete meses más tarde, su hermano El Tigre cae en poder de las autoridades. Un informe de inteligencia del gobierno de Jalisco relata que poco antes de ser capturados los Nava Valencia habían tenido serias dificultades con Ignacio Coronel. De acuerdo con la declaración de un miembro del cártel, “en una reunión El Lobo Valencia y Nacho Coronel casi llegaron a los golpes y Coronel quedó muy sentido. Quiso deshacerse de El Lobo, pero no se lo autorizaron. Cuando El Lobo fue detenido, gente de su hermano El Tigre quiso llegar con Coronel y tomar la rienda, Coronel les contestó: ‘A partir de esta fecha ustedes son contras’”.

    Según el reporte de las autoridades estatales, allegados al Cártel del Milenio aseguraron que tras esa ruptura Coronel se acercó al encargado de la seguridad de El Lobo Valencia y lo convenció de que traicionara a su jefe. Prometió recompensarlo con el puesto ocupado por éste.

    El encargado de la seguridad de El Lobo era Nemesio Oseguera Ramos, alias El Mencho. Aunque a la caída de El Lobo, El Mencho siguió trabajando al lado de otro miembro de la familia Valencia, Erick Valencia Salazar, alias El 85, otros jefes de peso en el cártel compraron la idea de que El Lobo había sido entregado por su subalterno: bautizaron al grupo de El Mencho como Los Torcidos, es decir, “los traidores”.

    Continúa el relato de El Molca:

    —Ahí empieza la disputa por el nombre de Milenio, porque ellos querían ser Milenio, y pues nosotros somos Milenio. Empiezan con que ellos eran Milenio y empiezan a detener gente en San Cristóbal; hay más de 40 detenidos que dicen que son Milenio pero es gente de Mencho y del Erick. Y empiezan las masacres, empiezan a levantarnos familiares y amigos que nos conocían y nos salimos de Jalisco y Colima. Ya después viene el apoyo de La Familia Michoacana y se creó un grupo que se llama La Resistencia que está conformado por gente de Los Altos, gente de Colima, gente de Jalisco, de Guadalajara.

    La organización que Ignacio Coronel había encabezado, se resquebrajó. Nemesio Oseguera y Erick Valencia fundaron el Cártel Jalisco Nueva Generación, CJNG. Quienes se oponían a que El Mencho asumiera el liderazgo se agruparon en torno de La Resistencia, que encabezaban Ramiro Pozos, Lupe Vega y Elpidio Mojarro. El CJNG permaneció asociado al Cártel de Sinaloa: Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada encomendaron aEl Mencho la tarea de reconstruir “el grupo Jalisco”. La Resistencia, por su parte, buscó el apoyo de La Familia Michoacana. Más tarde se asoció con Los Zetas. Los peores horrores en la historia de Jalisco estaban por sobrevenir.

    El Molca explica a sus captores:

    —Usted sabe que había dos líderes en Michoacán. Estaba El Chango [José de Jesús Méndez] y él fue el que único que nos dio el apoyo, en realidad fue de amigos, hasta con dinero llegó a ayudar. Y pues la idea era recuperar lo de nosotros y pegarle a El Mencho; pero se mete El Loco [Nazario Moreno] y quería que peleáramos con la Policía Federal y que peleáramos con Los Negros [se refiere, por el color de sus uniformes, a la policía estatal] y pues nosotros nunca hemos peleado con la policía, nuestra guerra era con la maña. Y entonces nos salimos de acuerdo y nos pegamos del lado de don Chuy, de El Chango.

    El estado se convulsiona en estertores de violencia que dejan a su paso cadáveres espantosamente mutilados. La entidad es atravesada continuamente por convoyes de gente armada. Los grupos criminales controlan la vida en los municipios. En todas partes aparecen cuerpos con mensajes que se intercambian los narcotraficantes: “Jalisco libre de escorias”. Absorto en una guerra que al final del sexenio habrá dejado 120 mil muertos, el gobierno federal no voltea hacia Jalisco. “El mundo estaba pendiente de La Tuta, de El Chapo, de las figuras mediáticas del narcotráfico”, explica el fiscal general del estado, Luis Carlos Nájera. El gobierno del estado tampoco hace mucho. Al gobernador panista Emilio González Márquez (2007-2013) se le acusa de cerrar los ojos ante los síntomas de la violencia, de tolerar la presencia de Ignacio Coronel en el estado, de permitir —incluso, administrar— la expansión de los grupos criminales.

    “Había una falta de presencia por parte del Estado”, reconoce el fiscal Nájera, encargado en el sexenio de González Márquez de la Secretaría de Seguridad Pública.

    Nájera exhibe cifras de detenciones, de quema de plantíos, de narcolaboratorios desmantelados. Admite, sin embargo, que las fuerzas de seguridad estatales luchaban “en solitario”. “La policía municipal estaba aislada, expuesta, y a nosotros no nos alcanzaba para cubrir toda la entidad. Por eso era urgente crear una Fuerza Única”.

    El 26 de marzo de 2011 policías estatales detienen en El Salto un vehículo sospechoso. Al volante viene una mujer de la policía municipal que exhibe su credencial para evitar que la revisen. Los agentes la notan nerviosa, proceden a la revisión del vehículo. Dentro del coche hay un hombre que esconde en la chamarra una pistola calibre .40, de las denominadas “Mata Policías” —pues perforan los chalecos antibalas. Otros dos pasajeros portan granadas y pistolas. Todos son miembros de La Resistencia. Entre ellos viene David Trujillo, el R-1, encargado de disputar al Cártel Jalisco Nueva Generación la plaza de El Salto.

    La mujer policía termina delatando a ocho compañeros de la municipal. Dice que reciben mil pesos a la semana por brindar protección a La Resistencia. Cuando termina el interrogatorio, los estatales saben que los agentes municipales han “puesto” varios “trabajos”, incluida la ejecución de algunos jefes policiacos. Sabe que han ayudado a realizar secuestros y extorsiones. Entre sus obligaciones estaban: desviar la atención de la policía hacia otros sitios para que pasaran libremente “los dueños de la plaza”, servir de escudo a los miembros de La Resistencia que realizaban secuestros, y conducir armas o drogas a bordo de las patrullas.

    El dinero venía directamente de Lupe Vega y era recibido y repartido semana a semana por el agente Antonio Sandoval.

    El Salto se encuentra a unos kilómetros de la zona metropolitana. ¿Cómo serían las cosas en las regiones más apartadas de Jalisco?

    Medio año atrás había causado revuelo entre la sociedad tapatía un video subido al sitio electrónico “El blog del narco”. Dos hombres golpeados, semidesnudos, con las manos amarradas y sentados en sillas de plástico, aparecían en un cuarto pintado de verde. Los rodeaban hombres encapuchados y armados con rifles de asalto. “¿A cuánta gente han matado y descuartizado?”, les preguntaba alguien. Uno de los hombres golpeados respondía: “Yo, Lupe Vega y su gente, matamos al que apareció en El Quince sin orejas y sin ojos…”. El hombre efectuaba luego una larga confesión en la que desfilaban nombres y nombres y más nombres. Los nombres de miembros de La Resistencia. Los nombres de policías estatales y municipales que les daban protección.

    La guerra emprendida por los fundadores del Cártel Jalisco Nueva Generación dejaría ecos abundantes en la prensa: pequeñas notas dispersas en la sección policiaca que hablaban, en realidad, de “la limpia” que El Mencho y Erick Valencia estaban realizando en el estado. Aquí hay una elegida al azar: el 2 de enero de 2012 vecinos de Tlaquepaque oyeron el ruido de una camioneta y escucharon ladrar a los perros. Al amanecer, encontraron un cuerpo decapitado, envuelto en cinta transparente. La cabeza apareció en una bolsa de plástico. Junto al cuerpo había un mensaje: “Para la resistencia feliz año nuevo, recoge tu basura Lupe Vega”.

    El fiscal Nájera asegura que en sus inicios el CJNG operó como brazo armado del Cártel de Sinaloa: “Sinaloa los enviaba a pelear a los sitios en donde estaba sosteniendo sus guerras: a Cancún, a Veracruz, a Tijuana… Eso era parte del acuerdo que hicieron”.

    El cártel dirigido por El Chapo Guzmán libraba en ese tiempo una lucha con Los Zetas que dejaba en ruinas y en llamas amplias porciones del país. Los Zetas, ex militares que comandaban el cártel más violento del país, tenían los ojos puestos en Jalisco desde la muerte de Ignacio Coronel.

    El 20 de septiembre de 2011 sicarios que viajaban en varias Suburban negras abandonaron dos camionetas de redilas, de las conocidas como estaquitas, frente al centro comercial Las Américas, en la Zona Dorada de Boca del Río, Veracruz. Apilados en las estaquitas había 35 cuerpos. Los cadáveres de 23 hombres y 12 mujeres. Tenían el torso desnudo, estaban maniatados, algunos mutilados. Gobernación informó que según la Plataforma México los 35 fallecidos tenían antecedentes penales por secuestro, extorsión, homicidio o narcomenudeo. Un mando castrense reveló que los autores de la masacre habían estampado su firma en una cartulina: “Cártel Jalisco Nueva Generación”. En la cartulina había un mensaje que los militares no dieron a conocer.

    Una semana más tarde, un grupo que se autodenominó “Los Matazetas” difundió en redes sociales un video. En éste, cinco hombres vestidos con playeras, guantes y capuchas negras, que aparecen sentados detrás de una mesa con mantel blanco, botellas de agua y un micrófono, piden disculpas por la violencia que han desatado en el puerto. “La intención era darle a saber al pueblo veracruzano que este flagelo de la sociedad [Los Zetas] no son invencibles y que ya no se dejen extorsionar”, dice el más robusto de los conferenciantes. Ese mismo personaje señala que “Los Matazetas” han llegado a Veracruz para terminar con la inseguridad: “Nuestro único interés, como objetivo, son el Cártel de Los Zetas, por lo que respetamos a las fuerzas armadas, comprendemos que no pueden actuar al margen de la ley… y condenamos a los malos servidores que con su apoyo hacen que este flagelo de la sociedad siga haciendo daño”.

    El encapuchado afirma que para erradicar a Los Zetas le es necesario luchar en igualdad de condiciones, y para ese efecto pide que los funcionarios y autoridades que los apoyan dejen de hacerlo. “Que la sociedad esté segura que nosotros ‘Los Matazetas’ no extorsionamos, no secuestramos y nunca afectaremos el patrimonio nacional… Somos guerreros anónimos, sin rostro, pero orgullosamente mexicanos”.

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    La respuesta del gobernador de Veracruz, Javier Duarte, a la dantesca aparición de los cadáveres de Boca del Río, consiste en lamentar el hecho y “en lamentar más que los ahora muertos se hubieran dedicado a la delincuencia”.

    La respuesta de Los Zetas tarda un poco más en llegar, aunque es igualmente macabra.

    Muy cerca de la glorieta conocida como los Arcos del Milenio, en la zona céntrica de Guadalajara, 26 cadáveres son abandonados dentro de tres camionetas. Están apilados, semidesnudos, amordazados. Muchos de ellos han muerto por asfixia. Algunos tienen bolsas de plástico en la cabeza. Todos pertenecen al sexo masculino. A todos les han escrito una leyenda en la espalda: “Milenio Zetas”. Un testigo informa que las camionetas —con placas de Jalisco y el Estado de México— fueron abandonadas a las seis de la mañana.

    Es la respuesta Zeta a la masacre de Boca del Río.

    En Twitter, el gobernador González Márquez se declara “consternado e indignado”. La investigación no conduce a sitio alguno, hasta que el fallido asalto a una vinatería pone en manos de las autoridades a Eleuterio Belmontes, El Tello, líder de una de las tres células que tomaron parte en el multihomicidio. El Tello confiesa que las víctimas fueron “levantadas” en distintos puntos de la ciudad, algunas de ellas al azar, y que él personalmente ahorcó a dos personas. Varios meses más tarde cae el responsable de ordenar y dirigir la venganza, Francisco Daniel Yeme, El Pacorro, quien declara que sus funciones dentro del Cártel del Milenio eran completamente específicas:

    —Yo nada más me dedicaba a matar.

    (Un reportero le pregunta qué sentiría si a sus hijos les hicieran lo mismo que a las víctimas de los Arcos del Milenio. El Pacorro responde: “Pues si les toca, ya ni modo”.)

    Reportes de inteligencia del gobierno estatal señalan que los líderes de La Resistencia intentaron formar “un recalentado” con otras organizaciones criminales. Su propósito era configurar un frente que integrara células del Cártel del Milenio, de La Familia Michoacana y del Cártel del Golfo. Ese cártel regional llevaría las siglas MFG (Milenio, Familia, Golfo). No llegó a concretarse porque lo impidieron “las luchas y la problemática de cada grupo”, y porque el Cártel Jalisco Nueva Generación aprovechó en su beneficio los espacios que le abría el descabezamiento o la desintegración de los otros cárteles.

    “Sinaloa enviaba a su brazo armado a combatir a los sitios en los que estaba debilitado —explica el fiscal Nájera—. Llegaban grupos, enviados desde Jalisco, que podían ser de 200 o 300 sicarios. Ellos llegaban a algún estado, ‘limpiaban’ a los grupos rivales, y se quedaban en aquel estado, sin que nadie les pidiera cuentas. De ese modo inició la expansión del cártel”.

    Erick Valencia Salazar, El 85, a quien se atribuye la orden que provocó la matanza de Boca del Río, fue capturado por el ejército en marzo de 2012, en el transcurso de un operativo que derivó en balaceras y persecuciones a lo largo de varias calles de la zona metropolitana. La jornada de violencia incluyó bloqueos en varios municipios, así como quema de autos, tráileres y autobuses de transporte público (26 en total).

    El 85 resultó herido en una mano por la detonación de una granada que intentó lanzar poco antes de ser capturado. Su nombre no era conocido por las autoridades. Sólo aparecía una vez en los registros oficiales: la averiguación previa contra el empresario chino Zhenli Ye Gon, a quien le fueron asegurados 205.6 millones de pesos en un domicilio de las Lomas de Chapultepec, en el Distrito Federal. Su detención dejó en manos de Nemesio Oseguera Ramos, El Mencho, el control absoluto del CJNG.

    Una ficha del gobierno estatal afirma que Oseguera Ramos había conocido a fondo la operación del Cártel del Milenio y por tanto sabía “cómo operar, cómo hacer enlaces y establecer controles”. La ficha agrega que El Mencho ejerció, desde el primer día, “un liderazgo extremadamente violento”. La fiscalía tiene indicios de que la gente de Ignacio Coronel “intentó enviar a alguien más a controlar Jalisco”. Pero Oseguera Ramos no lo permitió.

    “Se cuenta que desde Sinaloa le enviaron a los ‘Ántrax’ y a otra gente de La Corona para que lo enfrentaran y aseguraran el control del cártel sobre las operaciones. Pero Oseguera acabó con ellos: los ‘Ántrax’ fueron barridos y muchos de La Corona siguen escondidos: hasta cambiaron de nombres para no ser ubicados” —relata el comisionado de Seguridad Pública de Jalisco, Alejandro Solorio Aréchiga.

    En las declaraciones que rindió a las autoridades, el líder de La Resistencia sostiene que “los sinaloas se encabronaron porque Mencho se acabó a la gente de Jalisco”.

    —Secuestró y robó a toda “la maña” —dijo El Molca—. A todos los que se movían. Si tenías un varo te lo quitaba… te robaba y si ibas a jalar ibas a jalar para él o te ibas liso. Acabaron con la gente de Jalisco y empezaron a levantar “sinaloas”. Y los “sinaloas” le brincan y empezaron a poner mantas y a matarse gente ahí.

    En poco tiempo Oseguera Ramos aniquiló a La Resistencia, se apoderó a sangre y fuego del corredor Guadalajara-Colima, tomó control del puerto de Manzanillo, e impuso la presencia del CJNG en ocho estados (Colima, Veracruz, Michoacán, Quintana Roo, Tabasco, Nayarit, Guanajuato y el Estado de México). La caída de los grandes capos de otras organizaciones —El Chapo, La Tuta, El Z-40— le facilitaron mucho aquel trabajo. Según una ficha de la fiscalía general del estado, su organización constituye hoy “el cártel con mayor control territorial en la venta y distribución de droga”.

    Oseguera entregó el manejo de la estructura financiera del CJNG a sus dos cuñados, conocidos como Los Cuinis, y encargados del lavado de dinero. Sus nombres son Abigael y José Luis González Valencia (el primero fue detenido el 28 de febrero en Puerto Vallarta). A través de una vasta cadena de prestanombres, Los Cuinis invirtieron en bares, discotecas, hoteles, restaurantes, farmacias, inmobiliarias y casas de cambio. En Jalisco hay quien asegura que son ellos los verdaderos jefes del cártel y que Oseguera Ramos sólo es “el que jala el gatillo”. Para las autoridades, se trata en realidad de una organización que copió de los sinaloenses “la creación de jerarquías basadas en el parentesco”.

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    El gobierno de Jalisco considera al CJNG como “la organización con mayor manejo de dinero líquido”. El grupo liderado por El Mencho “abandonó el mercado de drogas en Estados Unidos y reorientó sus exportaciones de cocaína y metanfetamina al Lejano Oriente, África y Europa”, según se lee en los reportes de inteligencia.

    En momentos en que las grandes organizaciones criminales eran descabezadas por la guerra contra el narco, y quedaban fragmentadas en pequeñas células, Oseguera Ramos se dedicó a reclutar a los grupos criminales que iban quedando “huérfanos” —Zetas, Templarios, La Familia Michoacana…—. De ese modo configuró, según la DEA, “el cártel que ha logrado esparcirse con mayor rapidez y ha llegado a alcanzar los niveles que tuvo el Cártel de Sinaloa [en los años de gloria de El Chapo]”.

    Una semana después de que el nuevo gobernador de Jalisco, el priista Aristóteles Sandoval, tomara posesión del cargo, Oseguera Ramos hizo asesinar al recién nombrado secretario de Turismo, José de Jesús Gallegos. La versión de uno de los sicarios que participó en el atentado señala que El Mencho descubrió que el secretario lavaba dinero para los Templarios: “Si lo dejamos… los Templarios van a entrar a trabajar a nuestra casa como si nada”.

    Desde que Gallegos cayó atravesado por las balas el 9 de marzo de 2013, en Jalisco han asesinado a un centenar de servidores públicos: prácticamente, uno cada semana. La fiscalía sostiene que el CJNG atenta contra los funcionarios que impiden sus actividades. Desde ese último año, en la entidad se han incrementado los “levantones”, así como el hallazgo de fosas clandestinas. Jalisco ocupa actualmente el segundo lugar nacional en desaparición de personas y localización de tumbas ilegales. Sólo en noviembre y diciembre de 2013 fueron halladas 30 fosas clandestinas con más de 70 cuerpos. Para marzo del año siguiente el descubrimiento de nuevas fosas había arrojado 48 cuerpos más.

    En Lagos de Moreno desparecieron, una madrugada, siete jóvenes. El líder de una célula del CJNG los acusó de haber dado “cristalazo” a una de sus camionetas, para robarse una mochila. Fueron conducidos a una granja. Ahí se les asesinó. No se volvió a saber de ellos hasta que dos sujetos detenidos con armas largas a bordo de una Coronado confesaron que sabían el paradero de los desaparecidos: los habían disuelto en ácido “allá por la Comanja de Corona”, un pequeño municipio de la región de Los Altos. Personal del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses se trasladó al predio y recogió uñas y pequeños huesos con los que se obtuvieron los perfiles genéticos que permitieron la identificación de las víctimas.

    Del 1 de marzo de 2013 al 30 de septiembre de 2014, en Jalisco se practicaron casi dos mil autopsias por homicidio. Una nota de prensa reveló hace poco que a la llegada de Sandoval a la gubernatura se rindió un informe a la Procuraduría General de la República sobre la situación criminal que privaba en el estado. No se obtuvo respuesta del ex procurador Jesús Murillo Karam.

    La fiscalía asegura que alertó a la federación sobre el decomiso de arsenales de alto poder en manos de sicarios del cártel. Tampoco hubo respuesta. El gobierno de Sandoval, por su parte, es acusado de haber permitido que la violencia criminal se extendiera en el estado: al igual que a su antecesor, se le tacha de cruzarse de brazos, mientras espera que el gobierno federal vaya a salvarlo.

    En todo caso, al presentar en noviembre pasado el Decálogo por la paz, la unidad y la justicia en México, el presidente Enrique Peña Nieto se comprometió a darle prioridad —con Guerrero, Michoacán y Tamaulipas— al estado de Jalisco. Los meses transcurrieron.

    Medio año más tarde, sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación emboscaron un convoy de soldados en Guachinango. La balacera culminó con el incendio de un camión. Cuatro jóvenes militares murieron calcinados.

    La investigación puso a las autoridades sobre la pista de un hombre apodado El Gringo, líder del CJNG en Tlajomulco, Cocula, Zacoalco, Tapalpa y Atemajac. El Gringo, Heriberto Acevedo, había comprado la protección del jefe de la policía de Cocula. Los reportes indicaban que se movía con soltura en esa zona del estado. Un retén de la Fuerza Única intentó detenerlo en Zacoalco de Torres el pasado mes de marzo. El Gringo respondió a tiros. “Murió disparando un arma calibre .50”, afirma un testigo.

    Oseguera exigió a sus hombres que se tomaran represalias. En cosa de días, el cártel emboscó un convoy en la carretera Las Palmas-Mascota (15 elementos de la Fuerza Única calcinados) y asesinó a tiros al director de la policía de Zacoalco. Esas muertes no fueron suficientes para El Mencho. Decidido a dar un escarmiento ejemplar (El Gringo ocupaba un lugar central en la cúpula del cártel), ordenó el asesinato del comisionado de Seguridad Pública de Jalisco, Alejandro Solorio. Un hombre que fue detenido luego del atentado relató que Oseguera había preguntado a sus lugartenientes:

    —¿Quién se avienta el tiro?

    La orden de asesinar a Solorio fue enviada a Guadalajara. La responsabilidad de ejecutarla recayó en un sujeto apodado El Rayo (Luis Enrique Sierra Machuca). Un reporte indica que desde las seis de la tarde del 30 de marzo de este año un grupo de sicarios patrulló el poblado de Río Blanco intentando detectar la camioneta del comisionado. Cuando el vehículo fue finalmente ubicado, muy cerca de la medianoche, los sicarios atravesaron un tráiler y dos camionetas en la calle Independencia, a la entrada de una curva pronunciada.

    Solorio y sus escoltas cayeron en la emboscada. Hubo un minuto de tiros y granadas. La unidad blindada del comisionado presentó más de 300 impactos. Los escoltas del funcionario fingieron huir, e intempestivamente volvieron a entrar en la zona de fuego. Los sicarios no esperaban la respuesta. Descontrolados, escaparon bajo una lluvia de balas: en el lugar de los hechos habían dejado abandonado un lanzacohetes.

    Faltaban dos meses para que el Cártel Jalisco Nueva Generación frustrara un supuesto operativo federal que pretendía detener a El Mencho: dos meses para que el cártel exhibiera en cadena nacional la fuerza que unos y otros le dejaron adquirir: colapsar la entidad, derribar un helicóptero, realizar 29 narcobloqueos, poner en “código rojo” a 25 municipios, colocarse en el foco de atención de un país que no logra comprender a qué hora, de qué modo surgió “el nuevo cártel más poderoso”.

    Fuente: nexos.com.mx


  • La captura de Guzmán y el reacomodo de cárteles en Sinaloa

    Varios hechos violentos se han presentado desde que capturaron a El Chapo

    Un reacomodo de cárteles en Sinaloa es lo que se está viviendo en Sinaloa tras la captura de ‘El Chapo’ Guzmán  e Iván Gastélum Ávila ‘El cholo Iván’ el 8 de enero pasado en Los Mochis, Sinaloa.

    El diario Reforma hace un recuento de los hechos violentos que se han registrado en la entidad tras la captura del capo.

    A principios del mes de febrero un enfrentemiento en La Huerta, Mocorito dejó saldo de tres elementos del Ejército fallecidos, cuatro heridos y dos presuntos delincuentes abatidos.

    La ciudad de Culiacán, capital de Sinaloa ha sido una de las más castigadas. El fin de semana pasado varias personas fueron ejecutadas en sus propios domicilios, además durante un baile cinco personas fueron acribilladas en el municipio de Elota.

    La sierra del municipio sinaloense de El Rosario se ha visto envuelta en la tragedia cuando cuatro personas murieron en un enfrentamiento en la comunidad de Corral de Piedra.

    El fin de semana fueron encontrados cuatro ejecutados en distintas partes del estado.

    Por su parte en Los Mochis, cuatro personas han sido privadas de la libertad y testigos dijeron que habían sido detenidos por la Policía Municipal.

    Reforma destaca que de acuerdo a las fuentes federales consultadas, Sinaloa atraviesa por un reacomodo de cárteles entre las células de El Chapo y de ‘El Cholo Iván’ y la guerra entre el Cártel de Sinaloa y el de los hermanos Beltrán Leyva por el dominio de la plaza.

    Fuente: debate.com.mx


  • La fuga de “El Chapo” y la extraña muerte de “El Canicón”

    El 6 de octubre de 2015 usted leyó en estas “Historias de Reportero” la columna titulada “La conveniente muerte de El Canicón”.
    Expuse que varios de los más peligrosos narcotraficantes de México, vecinos de celda de Joaquín Guzmán Loera en el penal del Altiplano, denunciaron a autoridades federales que muchas semanas antes de su fuga en julio escucharon ruidos de construcción, y que cuando se quejaron con los jefes de la prisión, éstos los justificaron diciendo que eran remodelaciones.

    Los testimonios fueron más allá: reportaron los privilegios de los que gozaba “El Chapo” y quiénes se los otorgaban.

    De todos los capos, el que hizo las acusaciones más fuertes fue un dirigente de “Los Zetas” llamado Sigifredo Nájera Talamantes, alias “El Canicón”.

    Declaró que “Celina Oseguera Parra, coordinadora de penales a nivel nacional, visitaba regularmente a “El Chapo”… se ponían a platicar, se saludaban y hablaban con mucha confianza”. Luego, la PGR la ubicó a la cabeza del organigrama que falló o se corrompió para permitir el escape. Está detenida.

    “El Canicón” también habló de Juan Carlos Ortiz Calderón, director deSeguridad y Custodia. Dijo que estaba en estrecho contacto con el líder del cártel de Sinaloa y fungía como una especie de coordinador de los supuestos trabajos de remodelación e impermeabilización del penal. Para la PGR estos trabajos fueron una especie de maniobra distractora.

    Por eso sorprendió cuando el 7 de septiembre de 2015, dos meses después de la fuga de “El Chapo”, las autoridades penitenciarias reportaron la muerte de “El Canicón”, de 35 años de edad.

    Informaron que falleció dentro del penal a causa de un paro cardiorrespiratorio. Esto despertó las sospechas de la PGR y de la agencia antidrogas de Estados Unidos, la DEA.

    Pero esa versión oficial cambió… en secreto. Y fue otra sorpresa. 

    En una reunión privada con senadores, Renato Sales Heredia, el nuevo Comisionado Nacional de Seguridad (no lo era al momento de la fuga, pero sí el día de la muerte de “El Canicón”), les informó que lo que mató al capo no fue un paro cardiorrespiratorio, sino una sobredosis de droga presuntamente causada porque tragó tres paquetes de cocaína envueltos en plástico y uno de ellos se rompió en su intestino.

    La deducción divulgada en ese encuentro a puerta cerrada entre Legislativo y Ejecutivo fue que “El Canicón” quería expulsar los envoltorios al ir al baño y luego usar la cocaína para consumirla o venderla dentro del penal.

    Escándalo… que podría ser peor: fuentes de la DEA que tuvieron acceso a la información de la autopsia del líder zeta, realizada por autoridades del Estado de México, ponen en la mesa una posibilidad más: que alguien haya obligado a “El Canicón” a ingerir las frágiles megacápsulas de droga para que le estallaran y lo mataran, en venganza por sus declaraciones sobre la fuga de “El Chapo”.

    ¿Cuál será la verdad? 

    SACIAMORBOS
    “Quien diga que en una cárcel no circula droga está mintiendo”, asegura un funcionario del más alto nivel en el gabinete de seguridad.

    Carlos Loret de Mola

    Fuente: eluniversal.com.mx


  • “El Cisne Negro”, la otra versión

    La operación táctica “Cisne Negro” comenzó a desplegarse al filo de las 04:00 horas, revela un video casero al que Ríodoce tuvo acceso. Lo más intenso del asalto sucedió en 65 minutos.

    En la operación de ataque al escondite de Joaquín Guzmán Loera, el “Chapo”, y de Orso Iván Gastélum Cruz, el “Cholo” no participaron vehículos oficiales, sino encubiertos.

    El video revela que los vehículos participantes en el ataque frontal fueron un Jeep Rubicon, de color blanco; una camioneta Ford Lobo doble cabina, modelo reciente, blanco; una Ford Lobo, negra; un Malibú de color arena y un camión con caja seca. Este era el traslado de las tropas. Y finalmente una Suburban de color blanco.

    04:00 horas. Las camionetas comienzan el patrullaje. Dan vueltas, una y otra

    vez. Poco a poco se suman los autos y finalmente el camión con caja seca. Nadie tapa accesos ni salidas. Las unidades se estacionan en bocacalles, a cien metros de la casa objetivo, con las luces encendidas y los intermitentes. El camión de caja seca, por el contrario, circula sin los faros encendidos, pero cada vez que pasan por la casa accionan los frenos. Las luces rojas posteriores delatan la maniobra. Mientras los marinos se despliegan, en la casa no hay movimientos, al menos en el exterior.

     

    04:35 horas. Comienza el asalto. El Jeep Rubicon blanco y la camioneta Ford Lobo blanca circulan en sentido opuesto a la circulación del carril norte del bulevar Jiquilpan. Viran a su izquierda doblando en la calle Río Quelite. Se aparcan en el portón elevadizo. La camioneta Ford Lobo negra se estaciona frente a la entrada de la casa marcada con el número 1002.

    El camión con caja seca se estaciona en doble fila sobre el bulevar Jiquilpan. Descienden las tropas. Toman posiciones desde la acera frontal del bulevar Jiquilpan, hasta la fachada principal del bunker.

    04:40 horas. Balacera. Los primeros marinos son descubiertos, y desde las ventanas del segundo piso y de un ventanal de la planta baja son atacados por los sicarios atrincherados.

    Comienza una refriega en la fachada principal de la casa. Estallan granadas, tabletean los AR-15, disparan los que consuman el asalto, contraatacan los que defienden la casa.

    Hay fuego graneado. Nadie cede. Estallan más granadas. Más ráfagas.

    04:49 horas. El fuego se intensifica. Las tropas corren de un lado a otro. Reculan en su avanzada. Una vez, dos veces, tres veces. Y repentinamente el tiroteo cesa en la casa. Ellos, la fuerza especial queda pasmada.

    04:50 horas. Más balacera. La batalla ya no es dentro de la casa, sino en las azoteas.

    Fortificados en los tejados, cuatro hombres contienen a más de una treintena de marinos, que siguen llegando y apostándose en las calles. Ahora están en otras avenidas, en Río Baluarte y Jiquilpan. Y ahí se pertrechan. Uno más se desplaza a cien metros hacia su izquierda, y se resguarda. Es éste quien más minutos contiene la avanza de los marinos. Balazos, granadazosconstantes. Nadie cede.

    05:00 horas. Calma tensa. Llegan tres helicópteros. Realizan sobrevuelos a la redonda. Iluminan azoteas, calles, y todo lo que se mueve. En las calles, el transito es libre. Nadie detuvo el tráfico. Los civiles en tránsito quedan a merced del daño colateral, ya sea por fuego de los defensores del bunker de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, o por el comando que lo busca, sin saberlo detener. Un taxi, queda atrapado en el fuego graneado. Frena, reversea y se retorna sobre el bulevar Jiquilpan. Huye hacia el poniente. Dos autos más quedan también inmersos en la situación de riesgo. Viran a la derecha y se pierden en la oscuridad.

    05:30 horas. Silencio. Tras unos minutos, el movimiento de árboles termina, y una columna de marinos se encamina hacia la casa por el bulevar Jiquilpan. Son recibidos a balazos y obligados a retroceder. Este bulevar acusa ya más patrullas de marinos.

    A la vivienda se acerca una ambulancia de los infantes. Maniobras son realizadas y después se retiran. Ya la situación en el interior permanece bajo control. En la calle los militares corren de un lado a otro. Parecen hormigas, pero sin rumbo. La noche termina y da paso a la madrugada, después a la mañana. El sol revela que las bocas de tormenta y alcantarillas del drenaje pluvial y sanitario han sido levantadas, pero sólo de una sección. Es la que va al poniente de la ciudad y que desemboca en el dren Juárez. Marinos vestidos de civil han sido apostados en la desembocadura. Dos hombres vestidos de azul se mueven discretos dentro de la zona asegurada. Son extranjeros. A leguas se nota.

    La otra sección del drenaje pluvial, la que va hacia la calle Gabriel Leyva y que atraviesa el bulevar Antonio Rosales, permanece intacta, olvidada. En el subsuelo, abajo, en el cruce de Jiquilpan y Antonio Rosales, a escasos 20 centímetros de concreto, dos siluetas aguardan. Están armados. Llevan una pistola y un rifle AR-15 con aditamento lanzagranadas. También están enlodados pues se han arrastrado 700 metros lineales por el drenaje pluvial. Pasaron los dos anillos de seguridad de los marinos y de extranjeros…  y aguardan.

    Para llegar hasta allí, cinco de sus guardias personales murieron: Guillermo Rivera Ruelas, Raymundo Gaxiola Gutiérrez, Jesús Alfonso Iribe Beltrán, Teodoro Quiroz Valdez y Juan Carlos Quintero Carrillo. Uno de los cuerpos quedó  en la casa defendida, otro en el patio de la vivienda contigua, dos más en el patio y cochera de Jiquilpan 1422 esquina con Río Baluarte, y el último en una casa en construcción, en Río Baluarte, entre Cocoteros y Jiquilpan.

    Afuera, en las calles de los fraccionamientos Las Palmas, Scally,  Del Valle y la Teresita, los patrullajes terrestres y aéreos de marinos continúan. No han detectado movimientos sospechosos y permanecen como vigías. Las horas pasan, y nada, ningún resultado. Se acerca las nueve de la mañana, y todo está tenso.

    El sol comienza a calentar el ambiente, y entonces, la Marina rompe el silencio y desde México emite el boletín 005/16, en la que afirma que fue una llamada anónima la que alertó a los infantes sobre personas armadas en un domicilio. En la agresión a balazos, reporta, un marino fue herido, pero cinco agresores murieron. Y concluye: Orso Iván Gastélum Cruz, presunto jefe en la zona norte de Sinaloa de una organización delictiva, logró darse a la fuga.

    Y mientras los marinos están estáticos y los helicópteros Black Hawck y MI-12 sobrevuelan la ciudad, abajo, en el subsuelo, las dos siluetas continúan aguardando.

    Una nube que es arrastrada por un viento frío descarga su lluvia en el sector.

    El reloj apenas sobrepasa las 09:00 horas. La tapa del drenaje pluvial ubicada en el carril de vuelta a la izquierda se abre. Sale un hombre alto, armado. Amaga al conductor de un Volkswgen, línea Jetta, color blanco, modelo 1996. Lo obliga a descender, junto con su esposa, que lo acompaña. Otro hombre sucio aparece. Ambos abordan la unidad y viran hacia la derecha en el bulevar Antonio Rosales. El carro deja en su fuga una estela de humo. No toma velocidad porque la transmisión se patina. Huyen por dos minutos. Obligados por el semáforo de Adolfo López Mateos y 10 de Mayo, hacen alto. Despojan a una fotógrafa de su Ford, línea Focus, color rojo, modelo 2002. Le permiten bajar a su hija y al nieto. Se enfilan hacia la carretera Internacional México 15.

    En su fuga son interceptados por la Policía Federal. En convoy, el grupo se refugia en el Hotel Doux, a cinco kilómetros al norte de la ciudad.

    Seis horas después de iniciado el operativo “Cisne Negro”, el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, anuncia en su cuenta de twiter: lo tenemos. Y presume la captura de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo —seis meses después de su evasión de una cárcel de máxima seguridad— y de su lugarteniente Orso Iván Gastélum Cruz.

    Días después la casa de seguridad de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, fue asegurada con el oficio UEIDCS/CGC/97/2016 derivado de la averiguación previa PGR/SEIDO/UEIDCS/008/2016 iniciada el 12 de enero del 2016.

    Fuente: riodoce.mx


  • No vayas, le dijo el Cholo al Chapo

    De La Cruz de Elota a Los Mochis, la travesía; desoyó Guzmán el consejo

              EL CHAPO Y CHOLO IVÁN. Los más buscados.

    Los Mochis, Sinaloa.- El primer fin de semana del 2016 se acercaba, y Joaquín Guzmán Loera, elChapo, fundador y uno de los jefes del Cártel de Sinaloa, pretendió abandonar las rancherías del sur de la entidad y pasarla en una zona urbana.

    Quería salir de La Cruz, ubicada en el municipio de Elota; eligió la norteña ciudad de Los Mochis. Y de esa ciudad, su casa nueva, reconstruida en menos de un año, a no menos de 10 metros de distancia del drenaje pluvial, y habitada esporádicamente.

    El jefe de su seguridad, Orso Iván Gastélum, el Cholo, se opuso. Le sugirió que era peligroso. Su jefe no lo escuchó y en los primeros minutos del jueves arribó a la casa reconstruida para él.

    Estaba en un barrio envidiable, y sus vecinos también: a 200 metros lineales de distancia, la casa de Eva Valdez, madre del gobernador, Mario López Valdez; a 600 metros lineales al Secretario General de Gobierno de Sinaloa, Gerardo Vargas Landeros, y a un costado, la residencia del ex campeón mundial de box, Fernando Montiel, el Cochulito.

    Ubicada en la esquina nororiente del cruce del bulevar Jiquilpan y la calle Río Quelite, en el treintañero barrio de Las Palmas, la casa fue adquirida dos años atrás por desconocidos.

    Residentes del sector cuentan que los dueños, un matrimonio mormón, inesperadamente abrieron la puerta de la casa y realizó una rápida venta de garaje. Abarataron los muebles y los trabajadores de los negocios cercanos hicieron rebatinga de enseres domésticos. Desde entonces, los mormones desaparecieron.

    Un año después, la casa comenzó a ser remodelada. Se levantaron muros y se colocaron protecciones. Seis olivos negros que crecían en la acera fueron fertilizados. El follaje pronto ocultó la fachada, y lo que sucedía en el interior.

    Adentro, la recámara principal fue reconstruida de cabo a rabo. Y de ella, el closet tenía entrañas invisibles: un pasadizo secreto hacia el subsuelo: era el escape hacia el drenaje pluvial. El desagüe urbano tendría dos salidas. La primera, hacia el poniente de la ciudad, a 500 metros de la casa, desembocaba en el dren a cielo abierto de Juárez, bajo un puente vehicular; la segunda, al oriente, rumbo a la zona comercial, se extiende por casi 700 metros. En ese tramo, varias salidas estaban siempre disponibles, a manera de rejillas de boca de tormenta o de alcantarillas metálicas.

    Una de estas últimas eligió Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, y su jefe de seguridad, Orso Iván Gastélum, el Cholo, esta madrugada de jueves, momentos antes de ser detenidos por tercera ocasión.

    La operación

    Es de noche, y la casera lava el piso de su casa. No quiere identificarse. Tiene miedo. Y da su razón: “la balacera de anoche nos robó el sueño y la tranquilidad. Nos obligó a rezar, a escondernos en los baños, a tirarte al piso y vivir por cuatro horas pidiendo a Jesús que nos salvara. Sabíamos que era un caso de delincuencia organizada, por tantos balazos, por tanto helicóptero, por tanto encapuchado uniformado corriendo por las calles, rompiendo puertas, gritando, insultando, tratando a todos como delincuentes. Y sí, oiga, aquí vivimos con miedo”.

    Ya han pasado casi 18 horas de la operación que terminó por encerrar al líder del Cártel de Sinaloa por segunda ocasión en el Centro Federal de Readaptación del Altiplano, en el Estado de México, de donde se fugó por primera vez.

    Muy temprano, casi amaneciendo, recuerda un abogado que pide reservar su nombre, se escucharon los primeros disparos. Eran las 04:00 horas, aproximadamente. Eran ráfagas cortas. Ratatata, ratatata, y luego silencio. Un vacío más prolongado y luego el boom, boom. Esos eran cincuentazos (armas calibre .50, para abatir blindaje) con seguridad, dice el letrado.

    Luego, un haz de luz pasó por los techos. Un viento frío bajó del cielo y arrancó las falsas tejas de asbesto. Los ventanales y las puertas temblaron, como cuero de tambor golpeado por una vaqueta. Flap, flap, flap se escuchó en la penumbra. Amaneciendo, el abogado descubrió la razón de aquellos ruidos que lo despertaron sobresaltado: un helicóptero estadunidense Black Hawk gris, con tipos armados como francotiradores, sobrevolaba la zona. A  lo largo y ancho del fraccionamiento Las Palmas, luego hacia la Scally, el Del Valle y la Teresita; el sobrevuelo continuó por más de cuatro horas. A veces el Black Hawk, y en ocasiones un helicóptero ruso MI-12, también una avioneta Cessna 203 de la fuerza Aérea y hasta un interceptor de comunicaciones, fabricado en Estados Unidos.

    En tierra, los fusileros especiales de la Armada de México peinaban calle a calle, casa a casa, alcantarilla por alcantarilla, en estos cuatro fraccionamientos.

    Y en las calles, los anillos de seguridad se extendían. Se expandieron hasta el norte de la carretera México 15.

    Y había una razón. Había fugitivos del operativo y también caídos.

    En la casa elegida por Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, y Orso Iván Gastélum, para descansar el fin de semana, un presunto gatillero estaba muerto y seis más habían sido detenidos. En la casa contigua a la vivienda de Río Quelite y Jiquilpan, otro sujeto armado quedó en el patio. En Río Baluarte número 1422 esquina con Jiquilpan, dos sujetos más terminaron sin vida, y a cinco casas de ella, casi en Río Baluarte y Cocoteros, el quinto tipo estaba muerto. Todos habían intentado huir por los techos, y fueron asesinados por los marinos, que —de acuerdo con la versión del gobierno— repelieron una agresión a balazos. Aunque todos parecen tener “el tiro de gracia” en la cabeza.

    Por abajo del bulevar Jiquilpan, por el subsuelo, Joaquín Guzmán Loera y Orso Iván Gastélum huían. Recorrieron casi 700 metros de drenaje pluvial. Decidieron emerger en el crucero de Antonio Rosales y Jiquilpan, y despojar a golpes un auto Jetta, de color blanco. Lo abordaron y enfilaron hacia la salida norte de la ciudad. Las cámaras de vigilancia los siguieron. Se armó la persecución y fue entonces que quienes huían cambiaron de vehículo. Nunca lograron su objetivo, pues desde el aire el Black Hawk los detectó.

    Fueron interceptados por patrulleros y entregados a los agentes federales. Estos tomaron como bunker la suite número 51 del hotel Doux e identificaron a su objetivo: el Chapo. Así, en Los Mochis terminaron seis meses de cacería del llamado delincuente más buscado.

    Fuente: riodoce.mx


  • El Chapo pasó Navidad en Mocorito, año nuevo en Guamúchil

    En la celebración de fin de año, estuvo con la Diputada Local Lucero Guadalupe Sánchez y ‘El Cholo’ Iván

     

    Luego de su segunda fuga el pasado sábado 11 de julio de 2015, las fuerzas federales tenían ya claro el objetivo: volver a recapturar a Joaquín Guzmán Loera.

    De acuerdo a información que fue revelada por las fuerzas federales, El Chapo tardó un lapso de 17 minutos en recorrer el túnel por el cual se fugó del Penal del Altiplano en el estado de México.

    Posteriormente, se trasladó por carretera a la comunidad de San Juan del Río, Querétaro. Ahí esperaban dos avionetas. El Chapo subió a una…la otra era para distraer por si acaso lo seguían.

    En un reportaje transmitido hoy por la mañana en el noticiero Primero Noticias, con Carlos Loret de Mola, según con los informes especiales, en sus últimos días antes de la recaptura, El Chapo Guzmán pasó Navidad en Mocorito con su esposa Emma Coronel y sus hijas gemelas.

    El fin de año lo pasó en Guamúchil, con la Diputada Local Lucero Guadalupe Sánchez y con El Cholo Iván, su jefe de seguridad como anfitrión.

    El Partido Acción Nacional, al que se vincula a la Diputada Lucero Guadalupe, sostuvo que nunca fue su militante y la postuló en alianza con el PRD, PT y un partido local.

    Entre Noche Buena con la familia y Año Nuevo con la diputada, El ChapoGuzmán estaba en la frontera norte de sus dominios.

    Había mandado construir dos casa en la ciudad de Culiacán y dos en Los Mochis. Las viviendas de Culiacán no estuvieron listas…optó por moverse a Los Mochis.

    El viernes 8 de enero de 2016, Joaquín Guzmán Loera fue recapturado por tercera vez.

    Fuente: debate.com.mx